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20 de agosto de 2013

ALABANZA

Lección: Esta semana veremos la última sílaba de la palabra “ALABANZA” y vamos a pensar en dos personajes más que alabaron a Dios. Esta vez se trata de un padre del N. T. que era un anciano sacerdote y una madre del A. T. que era estéril.

Zacarías: (Lucas 1.67 – 79). En el evangelio según San Lucas tenemos la narración de la concepción milagrosa de dos bebés: Juan el Bautista y Jesús. Hoy veremos algo sobre el padre del gran profeta Juan el Bautista. Su nombre es Zacarías. Era un sacerdote y su esposa Elisabet también provenía del linaje sacerdotal. Ambos eran de edad avanzada y no habían tenido hijos porque ella era estéril, además “ambos eran justos delante de Dios y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor” (vr. 6).

Un día le tocó a Zacarías ofrecer incienso en el santuario, este era una labor de él como sacerdote. Mientras lo estaba haciendo, se le apareció un ángel del Señor que le dijo que su esposa tendría un hijo que sería una persona muy especial cuando creciera y se llamaría Juan, como Zacarías era un hombre mayor y su esposa también y además estéril, no creyó lo que el ángel le dijo, por lo tanto, como castigo quedó mudo hasta que el niño naciera.

Lo dicho por el ángel ocurrió: Zacarías no pudo hablar, Elisabet quedó embarazada, el niño nació y se le llamó Juan y Zacarías recuperó el habla. Cuando esto ocurrió, él comenzó a elevar un cántico profético y de alabanza a Dios. Lo primero que dice (1.68 – 79) es “Bendito el Señor Dios…” Nos imaginamos la alegría de él y su esposa por su hijito. Ellos en su felicidad no olvidaron al Señor sino que le alaban y bendicen. Esto nos muestra el agradecimiento de este hombre a Dios. Su alabanza nace de un corazón lleno de gratitud.

Piensa en lo que el Señor cada día te da y sé agradecido. Demuéstralo alabando Su nombre.

“Mi corazón está dispuesto, oh Dios; Cantaré y entonaré salmos; esta es mi gloria”
Salmos 108.1

ANA: (1º Samuel 2.1 – 10). De esta mujer del A. T. podemos aprender lo que es confiar en Dios a pesar de lo aparentemente imposible y alabadle cuando Él obra poderosamente.

Ana era una mujer muy triste debido a que no podía tener hijos. Ella sufría mucho por este problema, pero lo puso delante del Señor. Es decir, en oración le contó a Dios como se sentía por no poder tener hijos, y como deseaba tener un bebé. Luego le dijo al Señor: si “…dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida…” (1º Samuel 1.11). Esta oración la hizo Ana en el templo en Silo. Ella puso su fe en que el Señor le concedería su petición. Se secó las lágrimas y disfrutó de la festividad en la que estaba participando y contenta se fue a su casa.

Dios contestó la oración de Ana. Al poco tiempo quedó embarazada y nueve meses después dio a luz un hermoso bebé varón. ¡Te imaginas la felicidad de ella y su esposo Elcana! Por fin tenían un hijo.

Ana había prometido que ese niño lo dedicaría a Jehová y no lo olvidó ni se arrepintió al momento de hacerlo. Pues cuando Samuel era muy niñito Ana lo llevo al templo y se lo entregó a Elí diciendo: “Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que pedí. Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que viva será de Jehová” (1º Samuel 1.27 – 28).

Después de eso Ana oró al Señor y le alabó. Le dijo lo que Él era. Leamos juntos 1º Samuel 2.1 – 10. Para una mujer judía el ser estéril era una vergüenza grande. Muchas veces lo tomaba como un castigo. Por eso Ana alaba a Dios en el vr. 1 mostrando como se siente. En el vr. 2 dice lo que es Dios para ella: santo, único, refugio. En el vr. 3 – 5 habla del todo poder de Dios y los versículos restantes exaltan Su soberanía.

Como te puedes dar cuenta, esta ama de casa común y corriente se convierta en alguien muy especial e importante debido a su fe en Dios. Ella pidió un milagro, tuvo fe que Dios lo haría y recibió el milagro. Después cumplió con su promesa.

Luego oró a Dios y le alabó por Su respuesta. ¿Sabes otra cosa? El Señor dio a Ana cinco hijos más (tres hombres y dos mujeres, 2.21). Cuando uno pide algo al Señor, El siempre da más de lo que se le pide.

“Alabad a Jehová, invocad su nombre; Dad a conocer sus obras en los pueblos”

Salmos 105. 1

6 de agosto de 2013

ALABANZA

ASA: (1º Reyes 15.9 -24; 2 Cr. 14.16). Fue uno de los reyes de Judá y es conocido como “el fiel Asa”.

Israel era una nación que no tenía rey. Dios era su rey. Sin embargo, ellos querían ver a su rey, por ello Dios le dijo a Samuel (profeta y último juez), que ungiera a Saúl como rey – luego a David. El tercer rey fue Salomón y con él el reino se dividió en dos: la parte norte (10 tribus) se siguió llamado Israel y la parte sur (dos tribus) se llamó Judá.

Ambos reinos tuvieron varios reyes. Algunos hicieron lo bueno ante los ojos de Dios y otros no lo hicieron. El padre de Asa fue fiel a Dios, lo mismo Asa.

Cuando subió al trono dice la Biblia que “hizo Asa lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehová su Dios” porque hizo destruir todos los altares a otros dioses y también derribó los ídolos e imágenes a los que los judíos adoraban pecando contra Dios.

También “mandó a Judá que buscase a Jehová el Dios de sus padres y se pusieron por obra la ley y sus mandamientos” (2º Cr. 14.4). En otras palabras, Asa hizo que el pueblo se volviera a Dios, le buscara de corazón y cumpliera sus mandamientos.

Este fue la forma en que Asa alabó a Dios. Echando de su país el pecado visible: los ídolos, altares paganos, homosexuales. Trayendo la adoración: edificando altares al Señor, ofreciendo sacrificio, consagrando al pueblo y él mismo a Dios, confiando en el Señor. (15. 11 – 15).

Asa no fue un  hombre perfecto. También cometió faltas y pecó, pero su corazón estuvo siempre abierto al Señor. (15.17)

Aún entre un pueblo pecador, Asa hizo grandes reformas a favor del pueblo, acercó a Judá a Dios y fue un ejemplo de fidelidad para su propia nación, para Israel y los pueblos vecinos y paganos.

El desafío es para nosotros. Alabar a Dios con nuestras acciones y que los que nos rodean vean al Señor en nuestras vidas.

“Alegraos, oh justos, en Jehová; en los íntegros es hermosa la alabanza”
Salmos 33.1


NOE: (Gn. 8.20). Es uno de los personajes famosos de la Biblia. Muchos hemos oído del diluvio, el arca, los animales y el arco iris.

Noé es un hombre digno de imitar. El nació y vivió gran parte de su vida en un mundo muy corrupto. La humanidad se había alejado demasiado de Dios, por lo tanto El decide juzgar mediante el diluvio  para ofrecer  la esperanza de un nuevo principio de vida. Pero en medio de toda esa perversión Noé “halló gracia ante los ojos de Jehová” (6.8), fue esto lo que permitió que él fuera escogido como instrumento de salvación. Su fe, su obediencia y sumisión  a Dios (6.22) demostradas al saber del diluvio y construir el arca son dignas de destacar. Mientras construía el arca, Noé predicaba al pueblo, esto fueron 120 años. El les decía que debían arrepentirse de su mal vivir, pues sino morirían. Pero nadie le hizo caso. Sólo su familia le creyó. Fue así que sólo ocho personas entraron en el arca y no murieron.

Noé y su familia vieron en forma clara la mano de Dios guiándoles. Cuando las aguas hubieron bajado su nivel y ellos pudieron poner pie en la tierra firme, bajaron del arca y construyeron un altar al Señor para alabar su nombre y darle las gracias por su cuidado y amor, ofreciendo un holocausto. ¿Te imaginas la alegría de esta familia al pisar nuevamente tierra firme? ¡Cuán agradecido deben haber estado a Dios! Su alabanza debe haber salido de lo más profundo de sus corazones. Por eso no es extraño que el Señor se haya complacido de la ofrenda de esta familia y haya decidido no volver a destruir la tierra y la humanidad con agua.

En el capítulo 9 de Génesis encontramos un hermoso pacto del Señor con Noé, cuya señal aún la podemos ver en el día de hoy: el arco iris.

¡Qué lindo ejemplo de Noé! A pesar de la aparente improbabilidad de que sucediera lo del diluvio, él confió en Dios aunque toda la gente que le rodeaba era mala, mundana, pagana, idólatra, él fue fiel a Dios. Muchos deben haberlo creído loco, pero eso no le importó, obedeció al Señor y ahora tenemos su ejemplo en nuestra Biblia. A pesar de las dificultades aparentes, alabemos a Dios con nuestras vidas obedientes y confiadas a Él.


“No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, Sino a tu nombre da gloria por tu misericordia, por tu verdad” Salmos 115.1

8 de julio de 2013

ALABANZA (cuarta parte)


Barac: (Jueces 4.5). Fue un hombre que vivió en tiempo de los jueces. ¿Recuerdas quien fue Sansón, Gedeón y/ o Jefté. Este fue un difícil período en Israel. Muchas veces pueblos fuertes que eran vecinos de Israel, atacaban y dominaban el pueblo de Dios. Esto ocurría como castigo por el pecado de ellos. Cuando el pueblo opresor subyugaba a Israel más de los que Dios quería o el pueblo reconocía su pecado, El levantaba un juez sobre los israelitas que unía el pueblo, batallaban contra el opresor y Dios les daba la victoria.

Uno de estos jueces que Dios eligió para librar  a Su pueblo del dominio de Canaán fue Barac. Había una mujer gobernante muy respetada por el pueblo que se llamaba Débora y que además era profetisa de Dios.

A través de Débora habló Dios a Barac para que formaran un ejército de diez mil hombres y atacaran a un capitán de ejército llamado Sísara. Barac consintió ir a pelear siempre y cuando Débora fuera con él. Así que ambos fueron a pelear contra el poderoso ejército cananeo. El pueblo de Dios derrotó a los cananeos pero Sísara escapo, sin embargo, fue muerto por otra mujer llamada Jael.

Cuando la batalla hubo concluido, Débora y Barac cantaron al Señor alabándole y este cántico lo encuentras en Jueces 5.

Si vemos el versículo 1 y 2 nos encontramos con dos palabras que muestran alabanza y son “load” y “cantaré” a Jehová. En este cántico cuentan todas las maravillas que el Señor Dios ha hecho.

Quizás algunos de ustedes tienen espíritu poético y pueden componer poesía de alabanza a Dios. Hay otros que no lo pueden hacer, pero todos podemos alabar a Dios mediante la oración.

La vida también es como una guerra. Si tenemos a Cristo en nuestras vidas iremos de victoria en victoria en nuestro diario vivir, pues aunque a veces parezca que hemos sido derrotados no es así porque Cristo nos da el triunfo. Por eso alabemos a Dios cada día de nuestra vida por lo que El hace a diario por nosotros, por ti y por mí.

“Bendeciré a Jehová en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca” Salmos 34.1

2 de julio de 2013

ALABANZA (TERCERA PARTE)


ASAF: (1º Cr. 6.39; 15.16 – 19; 16.5 – 7). No es una persona muy famosa de la Biblia, pero fue muy importante en Israel.

Vamos a ver quien es y luego veremos algo de su ministerio. 1º Cr. 6.39, 43 nos dice que es descendiente de Gersón y de Leví. Leví fue uno de los hijos de Jacob. Toda su familia fue designada por Dios como oficiales encargados del culto y ayudantes de los sacerdotes (Números 1.49, 50)

La tribu de Leví no tocó territorio en Israel, debido a una mala acción cometida como venganza. Pero se vindicaron al demostrar un gran valor y celo por Jehová al castigar a los que hicieron el becerro de oro y lo adoraron al pie del monte Sinaí (Ex. 32.25 – 29). Pero se les dieron ciudades especiales para vivir en todo el país, 48 en total. (Números 35.6, 7).

La vida de cada levita estaba consagrada al servicio de Dios. Asaf estaba entre estos hombres. Él, desde los 20 años aproximadamente, comenzó a ministrar (a trabajar en el templo). La labor especial de Asaf fue la música. Fue uno de los directores musicales durante el reinado de David. Los levitas (1º Cr. 15. 16 – 19), designaron a Asaf (entre otros) para que sea uno de los cantantes y ejecutantes de los címbalos al llevar el arca a Jerusalén. Y el rey David lo confirmó como encargado de la alabanza coral e instrumental (1º Cr. 16.4 – 7) “Y puso delante del arca de Jehová ministros de los levitas, para que recordasen y confesasen y loasen a Jehová Dios de Israel: Asaf, el primero…” (vr. 4, 5ª).

Asaf fue un hombre muy importante como puedes ver. Hay varios salmos que llevan su nombre. El era un músico que con su talento alababa a Dios y además estaba encargado de la alabanza cantada e instrumental.

Nos imaginamos que debe haber tenido un coro grande y hermoso y él mismo debe haber sido un músico muy bueno. Su vida giraba en torno a la alabanza a Dios. Ese era su ministerio. Ese era su servicio a Dios.

La Biblia nos dice que cuando el arca fue trasladada al gran templo que Salomón construyó para Dios, Asaf y sus familiares y parientes estuvieron cumpliendo con su labor musical. Años más tarde (Esdras 2.41), los descendientes de Asaf volvieron con Esdras a Jerusalén, del destierro. No cabe duda que este oficio se fue trasmitiendo de generación en generación y fueron muy importantes en el culto a Dios.

“Alabad a Dios en su santuario, alabadle en la magnificencia de su firmamento” 
Salmos 150.1

24 de junio de 2013

ALABANZA (segunda parte)


Domingo II: Antes de repasar nuestra lección del domingo pasado les invito a repetir todos juntos el Salmo 106.1, que aprendimos.

Recordemos lo que aprendimos la semana anterior. (Deje que los alumnos repasen en voz audible. Deje claro lo que significa alabar, cual es la actitud de una persona que alaba con sinceridad, el ejemplo dado).

Hoy vamos a ver la forma y oportunidad cuando una mujer del N. T. alaba a Dios y también de un hombre con un ministerio especial en el A. T.

LIDIA: (Hechos 16.14). Lidia aparece tres veces solamente en el N. T. (vr. 14, 15, 40), pero de ella podemos sacar un lindo ejemplo de alabanza. Se nos muestra como una mujer comerciante de la ciudad de Tiatira, en la región de Asia, (Actualmente Turquía). Se cree que era una persona de una situación holgada. Ella se encontraba en la ciudad de Filipos, en Grecia.

La Biblia nos dice que Lidia se reunía con un grupo de mujeres a orillas de un río a orar. Ahí llegó Pablo, Timoteo, Silas y Lucas, era sábado y probablemente fueron a celebrar el día de reposo a ese lugar. Lidia “adoraba a Dios”, ella sabía la existencia del Dios verdadero pues era prosélita, es decir, una  persona que no es judía pero que practica la religión judía – el judaísmo.

Vemos que en Lidia había un deseo de servir al Señor, pues “adoraba a Dios”. Llegan estos cuatro misioneros a predicarles y Lidia aceptó a Cristo como Salvador. Después ella se bautizó junto con toda su familia.

No es muy difícil darse cuenta del tipo de persona que esta mujer era. Ella había buscado a Dios de corazón y ahora que el Espíritu Santo habla a su corazón y Jesucristo se convierte en su Salvador, realmente halla a Dios.

Lidia es una mujer que con su vida alaba a Dios. No es algo que únicamente dice, sino como dispone su vida al servicio de los siervos de Dios. Ella ofrece su casa como hospedaje par estos misioneros.

Esa fue la forma que ella encontró para decirle a Dios lo que El es para ella. Alabó a Dios por medio de una acción desinteresada. Su casa fue el refugio de Pablo y sus amigos en una ciudad desconocida, donde fueron a predicar el evangelio y en retribución se mandó a la cárcel a Silas y Pablo tras haberles azotado. El hogar de Lidia fue cada de reunión de los hermanos al salir los misioneros de prisión.

Este es un lindo ejemplo de otro tipo de alabanza a Dios en la Biblia. El dejar que Dios me use para mostrar Su fidelidad y misericordia a otros alaba a Dios.

“Las misericordias de Jehová cantaré perpetuamente; de generación en generación haré notoria su fidelidad con mi boca” Salmos 89.1

18 de junio de 2013

ALABANZA


Materiales: La palabra alabanza en letra de molde de tamaño grande (depende de la sala). Péguela frente al auditorio. También puede escribirla en un pizarrón hacia abajo y hacia el lado escribir los nombres de las personas que se mencionarán y la cita bíblica entre paréntesis.

Lección: 
Domingo I: Este mes hablaremos sobre la alabanza. Y en primer lugar aprenderemos lo que significa alabanza. Según el diccionario es “elogiar, celebrar con palabras”. Dicho de otra forma es decir palabras lindas a otra persona. A todos nos gusta eso ¿verdad? Si yo te digo: “Claudia que linda te ves con ese vestido” ó “Mauricio, luces muy buen mozo con esa camisa”. ¿Verdad les hace sentir bien? Hay veces en que la alabanza no se hace en forma sincera, entonces es una alabanza mentirosa, una hipocresía. La persona que la recibe puede pensar que es verdad lo que se dice y luego saber que no es verdad, se sentirá muy mal, engañada y decepcionada. ¿Te ha pasado eso alguna vez?

La Biblia dice que en el Salmo 117.1 “Alabad a Jehová, naciones todas; pueblos todos, alabadle”. Eso significa que todos los países de la tierra deben decirle a Dios lo que El es.  Y ninguno puede decirle mentiras porque El todo lo sabe. La alabanza a Dios debe ser sincera y de corazón.

Hemos dicho lo que la alabanza es: decirle a Dios lo que El es. La Biblia nos da muchos sinónimos de alabar, especialmente en los Salmos. Podemos ver que exaltar, glorificar, adorar, honrar, engrandecer, magnificar, se toman como sinónimos, es decir, significan algo similar a alabar.

A continuación veremos algunos personajes – domingo a domingo – que de una u otra forma alabaron a Dios en diversas circunstancias.

Abel: (Gen. 4.4) Comenzaremos hablando de Abel, segundo hijo de Adán y Eva. La Biblia nos dice que ambos hijos, o sea, Caín y Abel, llevaron una ofrenda a Jehová. Las ofrendas se ofrecían para agradecer a Dios por su cuidado, por todo lo provisto. Era para alabar a Dios por suplir las necesidades. Decirle gracias por demostrar Su amor y cuidado.

La Biblia nos cuenta que Abel trajo lo mejor de su rebaño como ofrenda a Jehová “…trajo… de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas”. Lo mejor para Dios y eso agradó mucho al Señor. Imagínate, Dios cada día nos da todo nuevo. Un día nuevo para vivir, su misericordia se renueva diariamente, su amor no se desgasta, su fidelidad no cesa, El es el mismo – no cambia. Abel lo experimentaba día a día, por eso, como agradecimiento por todo ello y mucho más escogió lo mejor que tenía para dárselo al Señor.

La Biblia dice que Dios miró “Con agrado a Abel y a su ofrenda”. Primero miró a Abel y después su ofrenda. Eso nos muestra que Dios no se preocupa tanto por la ofrenda en sí, sino por la actitud del que ofrece. El corazón de Abel, su intención, su sinceridad fue lo que llamó la atención del Señor. La alabanza de Abel brotaba de la sinceridad de su corazón y mente. Su ofrenda no fue hipócrita, sino verdadera.

En la iglesia o en la casa puede que alabemos a Dios de una forma muy “bonita” para la gente que nos escucha, pero puede que no sea una alabanza que salga de un corazón hermoso ante Dios. Orar bonito, o cantar lindo, no es garantía de que Dios se agrade de nosotros.

Cuando Dios vio esto en Abel, vio que su ofrenda era una consecuencia de un corazón y vida agradecidos a El.

Pensemos en esto que aprendimos. Dios nos mira primero a nosotros y luego nuestra ofrenda.

Ofrezcamos a Dios una alabanza hermosa y digna de El con nuestro corazón agradecido por todos Sus beneficios hacia nosotros. Alaba a Dios luego de considerar todo lo que El te da.

“Aleluya, alabad a Jehová, porque El es bueno; porque para siempre es su misericordia”. 
Salmo 106.1